Desde la Secretaria General - 1 de julio, 2009 PDF Imprimir Correo electrónico
Santa Rosa de Sto Domingo, Heredia
Costa Rica

Apreciados hermanos y queridas hermanas de la Fraternidad Teológica Latinoamericana:
Estrenamos hoy un nuevo mes. Iniciamos la segunda mitad del año. Pero ¿qué hay de nuevo?

Los eventos de los últimos días en Honduras tristemente evocan las palabras hastiadas del
escritor del Eclesiastés “Nada hay nuevo bajo el sol!” A quienes no desaparecimos bajo los
gobiernos militares, a quienes sobrevivimos procesos de reconstrucción nacional, guerras y
guerrillas, se nos erizan los pelos. Demasiado conocida esta escena. Cuento repetido, con ecos
amenazantes. Retumban las botas en los pasillos del poder. Y el pueblo, incierto sobre su destino,
espera. Solo recibe migajas de desinformación en los medios oficiales. ¡Nada nuevo!
No disímil es la condición de los israelitas que han regresado del exilio en Babilonia. Pero en
medio de aquella vida dura, de la amenaza constante –desde adentro y desde afuera--, de la
inseguridad y la desesperanza, se oye la voz del Dios Creador de todo lo bueno: “Presten
atención, que estoy por crear un cielo nuevo y una tierra nueva… Alégrense y regocíjense por
siempre por lo que estoy a punto de crear! Estoy por crear una Jerusalén feliz, un pueblo lleno de
alegría… No volverán a oírse en ella voces de llanto ni gritos de clamor” (Isaías 65). Ya no más
mortalidad infantil ni gente sin vivienda, no más trabajo forzado ni desigualdad social, no más
temor ni abuso de la creación. ¡Nunca más! La buena noticia es que el cuadro que pinta Isaías no
es una utopía inalcanzable o reservada para un futuro en el más allá. Es promesa para los
israelitas de aquel día, para el pueblo hondureño hoy y para cada comunidad. Porque Dios, en
Cristo, y por su Espíritu, no está lejos de su creación sino que habita entre su pueblo. Y por su
gracia y mediante su pueblo sigue hoy haciendo nuevas todas las cosas.

Que en estos tiempos y allí donde estemos, en Honduras o en cualquier otro lugar del mundo, las
hijas y los hijos de Dios nos dispongamos a ser canales de la vida nueva que Dios ofrece. Que no
nos atrincheremos ni polaricemos ni desesperemos. Sino que, como lo hiciera Dios mismo, nos
adentremos en la situación con disposición a sufrir y con el compromiso de sembrar evidencias de
nueva vida. ¡Que la FTL, mediante sus núcleos, sus consultas, sus publicaciones, su sitio de
Internet, y su relacionamiento mutuo contribuya a ese proceso!

Con verdadero aprecio, respeto y celebración de su vida y labor,
Ruth Padilla DeBorst